La vieja mató la paciencia

Veo un escarabajo andando lentamente por el borde desgastado de la acera. Va a su ritmo, como mi cargador de pilas recargables (de cuales sino =).  Navega hacia un destino incierto, quizas su casa. Camina sin prisa, con paciencia envidiable. Lo sigo a gatas, la gente me mira con cara incredula, preguntandose de qué manicomio me he escapado; si el de Las Nieves o el privado de San Antón.

Bueno, que trás unos 150m de seguimiento de tal bicho. ¡Plast!, una vieja de 60 años lo aplasta con el tacón diciendole a su nieto:

-Cuidao con esos bichos... Cualquier día te pican y te hacen pupita.... 

Frío

Camino por una calle por la que el viento me susurra baladas, baladas que me hacen tiritar a un ritmo que Ibiza tiembla a mis pies. Soy el rey de la disco, la calle es mi back-stage. Pido un cocktel a una farola gris. Me contesta que está fuera de servicio, que pena, oh; que pena la mía; sin cocktel me quedé. Triste sueño de adolescente; el bailar en una calle; rodeado de viandantes, que a mi paso, mueven los ojos para arriba; como diciendo: Adolescencia, mala etapa, menos mal que ya la pasé.

Pero quien por dentro la sufre, conoze con cercanía la punzada de las espinillas matutinas. Los ardores hormonales. Y la gran tristeza de dejar de ser un niño.